Yu-Gi-Oh!, es una de las películas más incomprensibles y aburridas en lo que va del año. La película está basada en la serie de televisión y los juegos de carta que llevan el mismo nombre. Si no conocen o no han oído nunca el nombre de Yu-Gi-Oh, entonces es recomendable ni siquiera verla porque es tan cerrada y obtusa que para quienes no tenemos ni idea de que trata este juego infantil será completamente una perdida de tiempo. Yu-Gi-Oh! parece una película realizada por un grupo cerrado y de difícil acceso que se entienden por nombres extraños y palabras clave, y lo gracioso es que ese grupo esta formado por niños.
En la historia un niño llamado Yugi Moto completa un rompecabezas llamado Millennium Puzzle al mismo tiempo que en Egipto despierta un espíritu malvado llamado Anubis, que aparentemente fue vencido mucho tiempo atrás por una encarnación de Yugi Moto. De alguna manera el haber completado el puzzle lo convierte en un maestro del juego de cartas y por eso, se hace famoso. En ese momento aparece otro niño, Kaiba, que está celoso y quiere vencer a Yugi llevando sus tres cartas de Dioses Egipcios (unas cartas que le han ayudado a ganar siempre). Así, Kaiba visita al creador del juego, un millonario suizo, que posee una carta que puede vencer a sus tres dioses.
Si Pokemon era algo incomprensible en un primer momento, pero después de haber visto uno o dos capítulos de la serie es fácil de entenderlo, Yu-Gi-Oh es completamente oscuro. El filme intenta dar nuevos trucos a los niños que conocen y juegan el juego de cartas, como combinaciones de cartas ganadoras.
Las imágenes y los dibujos no son realmente nada fuera de lo normal y de las típicas animaciones japonesas, a las cuales ya nos tienen acostumbrados desde hace unos cuantos años.
Celos, violencia, y el deseo de vencer al otro son las claves de esta película. Por lo tanto antes de decidir que filme van a disfrutar en familia es preferible que elijan Zafarrancho en el rancho antes de esta película poco educativa.
Ver Yu-Gi-Oh provoca la misma sensación de cuando alguien intenta explicar como se juega al póquer cuando jamás se ha jugado y realmente no se tiene ninguna intención de hacerlo.
La tregua entre el mundo de los humanos y el reino de lo fantástico está a punto de romperse. En estos casos sólo hay una criatura a la que se puede recurrir.