La Juani es joven, deslenguada, tiene un carácter fuerte y no deja que nadie le pise el ánimo. Y por supuesto, es un personaje de Bigas Luna, así que la veremos expresando su posición en el mundo a través de cómo se conduce sexualmente. La diferencia está en el tono que el director aplica a su historia, mucho más concisa a la hora de crear un contexto realista e inspirada por golpes de humor que curiosamente añaden profundidad a todo el experimento. Verónica Echégui está magnífica, porque escapa de lo único que podríamos calificar como un error: las actuaciones del resto de actores tienden demasiado a lo teatral, algo que no es nuevo en Luna y que tampoco es accidental, pero que impide olvidar por momentos a los actores detrás de los personajes. Luna funciona de nuevo construyendo ciertos mitos para destruir otros: la Juani, otra chica de la calle, es el nuevo mito erótico del director, un modo de evidenciar el fracaso del machismo, desnudado de toda validez moral y práctica. "Yo soy la Juani" se pretende una película feminista que recoge las actitudes de las nuevas mujeres, como Juani, que recién deja su niñez atrás e ingresa en el club de las mujeres liberadas del siglo XXI; Luna parece hacer proselitismo en ocasiones y usar medios demasiado vulgares para expresar esto, recurriendo a personajes masculinos totalmente débiles y haciendo que la independencia de Juani pase por ser malhablada y vulgar, pero al fin y al cabo acierta, pues son muchos los ejemplos que tenemos en la realidad para apoyar este punto de vista.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.