Woody Allen, aburrido de contar siempre las misma historias, decide dar un cambio a su carrera. El cineasta ha decidido que su nuevo trabajo será una película japonesa que él no ha dirigido, con actores japoneses y a los que él se encargará de doblar a su manera. El resultado final es una película en la que los diálogos nada tiene que ver con las imágenes que el espectador ve.