Neil LaBute dirige este remake horripilante de una vieja película de los 70 que tampoco era una maravilla. El original inglés pervive mejor en la memoria que cuando uno intenta volver a verla. Pero aunque no nos encontrásemos ante un nuevo remake, podríamos hablar bien de esta película en la que dos ganadores del Oscar, Nicolas Cage y Ellen Burstyn, parecen pelear por conseguir la peor actuación. El terror de "Wicker man" es un horror envejecido, una historia ridícula y una puesta en escena que resulta ofensiva tanto por su torpeza como por los tintes misóginos que asoman en más de una ocasión, y que ciertamente no estaban en el original. LaBute demuestra otra vez que sus dotes para el thriller son más bien limitadas, y que la comedia es un género en el que se mueve algo mejor. "Wicker man" es desesperante, no proporciona ni la posibilidad de reírse de ella, al contrario que otras malas películas. La premisa de la película es demasiado simplona y tonta como para ejecutar la parte visual y rítmica con tanta torpeza como la que demuestra el director de "En compañía de hombres" o "Persiguiendo a Betty"; resulta sorprendente que su debut "Amigos y vecinos", de 1997, nos hiciera creer que nos encontrábamos ante un nuevo director intelectual. LaBute, que ya no está obsesionado por las relaciones íntimas sino que parece asustado u ofendido por el sexo, no consigue mantener la tensión durante más de dos minutos consecutivos, y ni siquiera los falsos sustos funcionan bajo su batuta. La guinda final a tanto ridículo la pone un Nicolas Cage que parece mucho más confundido, en todos y cada uno de los planos, que el público de esta película que no debería haber visto la luz. Estamos ante un nuevo aunque anticuado homenaje a la moralina cristiana que, como en la reciente "Maleficio", parece estar impregnando cada vez más una parte importante del cine estadounidense.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.