Virgen a los 40 no es una obra maestra pero es mejor que eso: es una de las comedias más divertidas de los últimos años y difícilmente desagradará a nadie. A la comedia, no sólo americana sino de cualquier país, ya no se le puede pedir que sea limpia sin ser ñoña. Algo pasa con Mary, La cosa más dulce e infinidad de títulos similares han conseguido acostumbrarnos a un humor burdo y basado principalmente en el sexo. En este contexto nos presentan los creadores de Virgen a los 40 a un ser inaudito, un hombre de 40 años que se mantiene célibe, aunque no lo haga por convicción sino por sus circunstancias. No podemos prescindir de ese tipo de humor pero, viendo esta película, tal vez sea mejor así. Cuando tres amigos del protagonista descubren que todavía es virgen aúnan fuerzas con el cometido de desvirgarle. Tres machitos haciéndose los gallos dan para un montón de chistes bajos, pero la película añade a estos momentos divertidos la madurez y la sensibilidad de las que films similares carecen. Andy (Steve Carell) arrastra desde hace años un trauma infantil que le ha impedido acostarse con ninguna mujer. Sus amigos, aunque empeñados en ayudarle, son un desastre ellos mismos con sus relaciones. Virgen a los cuarenta hace un estudio sobre la amistad entre hombres y la dificultad de enamorarse en la mediana edad similar a la que encontramos en Entre Copas. Pero el ritmo es indudablemente cómico, y las magníficas actuaciones de un reparto casi totalmente desconocido se repiten. Carell, que ha escrito el guión junto al director, hace una muy verosímil interpretación de un personaje a todas luces increíble. Katherine Keener, aunque no tiene un papel muy grande, llena la pantalla de calidad cada vez que aparece y da fuelle a la historia de amor. Judd Apattow debuta en la dirección de largometrajes con una película que borda la difícil propuesta de aunar el humor más sucio con una sensible historia romántica. El resultado es una deliciosa irreverencia, una gamberrada filosófica fresca pero inteligente. Muy bien construida, tanto en la evolución del personaje central como en la historia, su emocionante doble final garantiza una sensación de divertido bienestar al abandonar el cine.
La tregua entre el mundo de los humanos y el reino de lo fantástico está a punto de romperse. En estos casos sólo hay una criatura a la que se puede recurrir.