Barry Sonnenfeld ha hecho la que es, hasta ahora, su película más floja conceptualmente; pero aunque "Vaya vacaciones" sea una película relativamente pobre, es superior al resto de filmes con la que podríamos emparejarla. "Vaya vacaciones" se inserta de lleno en la tradición cinematográfica particularmente norteamericana de las vacaciones familiares; las películas en que una familia se sube a una furgoneta para cruzar el país u otro continente son, por sí mismas, casi un género, en el que era inevitable hasta el momento la presencia del actor Chevy Chase. En esta ocasión el papel del padre de familia lo hereda Robin Williams, perfecto representante de un tipo de comedia estadounidense con muchos adeptos fuera de las fronteras americanas. Aunque no hay nada verdaderamente molesto en esta comedia ligera, tampoco hay nada específico que recomendar con pasión. Sirve para pasar la tarde y poco más, aunque Sonnenfeld es un verdadero maestro del enriquecimiento visual, y ha demostrado en otras ocasiones su capacidad para crear productos de entretenimiento cómico por encima de la media. Aunque no está a la altura de "La familia Addams", "Men in black" o la algo peor "Wild wild West", "Vaya vacaciones" sigue siendo un prodigio de ingenio visual. Lo que falta de original en el guión de la película, atento a todos los lugares comunes del género, lo suple Sonnenfeld con un despliegue espectacular de puntos de vista complicados, barroquismo de buen gusto en la imagen, y tomas cada vez más sorprendentes. Respecto al reparto, hay una divertida aportación de Jeff Bridges y todo el mundo sabe lo que Robin Williams es capaz de hacer: los amantes de este cómico volverán a disfrutar con sus muecas, viéndolo en enrevesadas y violentas escenas dignas de Goofy, y los que no lo soporten tendrán de nuevo motivos de crítica suficientes.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.