Shopping, shopping, shopping... de eso se trata esta comedia absurda y navideña a la siglo XXI... ¿Dónde quedaron las cómicas aventuras familiares de Chevy Chase? O ¿las antiguas historias navideñas? Una Navidad de locos es una película que solo nos recuerda que la temporada de Navidad ha llegado, y con eso no me refiero a que es hora de ir a misa, sino que es hora de comprar.
La película no es para nada graciosa, carente de sentido de principio a final. Dos de los actores más conocidos por sus personajes cómicos, Tim Allen y Jaime Lee Curtis son Luther y Nora Krank, un matrimonio de un barrio de Chicago con una hija, Blair, que acaba de irse a Perú en una misión de Paz, por lo que están a punto de pasar la primera Navidad solos; y Luther sugiere que en lugar de gastar 6.000 dólares en Navidad, gasten 3.000 en una crucero por el caribe... una buena idea para esta época invernal... pero aunque intentemos encontrarle lógica, solo podemos pensar, ¡¿en que se gastan 6.000 dólares?! ¿Regalos? ¿Viajes? ¿Comida? No. Decoración. Cada vecino del barrio en el que viven compite por ver quien decora mejor su casa. Cuando el barrio se entera de que los Kranks han abandonado la competición ese año, comienzan una especie de manifestación contra ellos y su deseo de olvidar las luces por un año. Pero la situación se complica aun mas, cuando Blair decide regresar a casa con su nuevo novio peruano, para pasar la típica Navidad familiar, por lo que los Kranks van a tener que preparar la Navidad después de todo... y en solo 24 horas. Por eso todos los vecinos se ponen a trabajar para conseguir que el hogar de los Kranks sea igual que siempre. Aunque esta acción no es nada desinteresada, lo que se supone que es un acto de cooperación, es en realidad un acto egoísta y bastante tenebroso.
En resumen, ¿que moraleja podemos sacar de esta película? Que aunque se sea un inconformista, se debe seguir a la manada y a las acciones de una colectividad. Se supone que debemos pensar que los Kranks están equivocados, y que lo mejor que pueden hacer es continuar gastando 6.000 dólares en luces y competir en una época festiva.
La Navidad se supone que es una fecha religiosa, pero no para esta película. No es que el filme debe tener una connotación religiosa, pero es curioso que todas las películas navideñas de este año, y de los últimos años, no tengan ninguna sugerencia religiosa, ni una cruz, ni se mencione el nombre de Jesús. En este barrio de los Kranks no importa cuál es tu creencia, ya que para ellos no es una temporada de fe ni de creer o no, sino una época de compras.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.