"Una mirada en la oscuridad" parece llamada a convertirse en una obra de culto, pero en el modo en que puedan serlo "V de Vendetta" o "Sin city": objetos de admiración masiva pero pasajera, piezas que no sobreviven un segundo visionado y que son rápidamente olvidadas cuando los efectos especiales que las elevaron a los altares son superados por espectáculos mayores. Richard Linklater apunta alto pero su película deja una frustrante sensación de oportunidad fallida, de haber tenido algo grande entre las manos pero haberlo dejado pasar. Los que conozcan la novela original y homónima de Phillip K. Dick pueden alegrarse de la fidelidad con que el cineasta ha adaptado el libro, aunque la mayoría del público podrá intuir que el puntillismo es exagerado y muchas partes de la historia no funcionan bien en cine. Tampoco se entiende la elección de la animación para la película, pues las posibilidades de la técnica "rotoscópica" promete al principio mucho más de lo que da al final. Fue el propio Linklater el que nos dio una muestra de gran cine con su película, de verdadero culto, "Waking Life", en que la animación tenía un fin muy claro que cumplía a la perfección, elevando el onírico tema del filme. En "Una mirada en la oscuridad", oscura fábula de pesadilla, uno espera continuamente que la técnica nos lleve más lejos, nos haga experimentar mejor los viajes alucinatorios del protagonista; pero ocurre menos de lo deseable, y peor de lo que es posible. Las actuaciones de Reeve y Downey Jr. bordean la perfección, nada que alegar en su contra, y a la vez podemos felicitarnos del regreso de Winona Ryder y Woody Harrelson, aparentemente perdidos para el cine hace tiempo.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.