En la ópera prima del joven director vasco Aitzol Aramaio se respira optimismo, a pesar de que tratan una enfermedad tan dura como el Alzhéimer. La cinta está basada en la novela de Unai Elorriaga, "Un tranvía en SP", ganadora del Premio Nacional de Narrativa. Héctor Alterio es el protagonista de la película y, sin desmerecer al resto del reparto, él sólo podría haber llenado la pantalla. Como siempre. Pero el resto de actores que le acompañan intentan seguirle, entre ellos Daniel Bruhl, quien ya dejó a todos impresionado con su intervención en "Cood bye Lenin". Los gestos y las miradas de los personajes ocupan aquí una gran importancia, pues muchos de los sentimientos descritos en la novela no se pueden transmitir con palabras. Aquí la muerte se plantea con algo natural, el fin de un viaje, pero con "alegría completa", frase que el realizador repetía en cada momento del rodaje.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.