El actor Carlos Iglesias debuta en la dirección con una película humilde titulada "Un franco, 14 pesetas". El filme es altamente irregular en casi todos los aspectos que lo componen, aunque la balanza se inclina hacia el lado positivo. La producción roza puntos extremos, igual que los españoles que, al emigrar hacia el norte de Europa en los años 60, encontraron un fuerte contraste entre la España que dejaban atrás y los países de destino. Esto continúa hasta el punto en que la bella fotografía del filme parece ser el efecto de la historia y no un mero elemento más. Estos claroscuros resultan incómodos, como si no estuvieran bajo el control de su director. Sin embargo, la película cumple su objetivo máximo: dirigirse al corazón del espectador y levantar alguna reflexión. "Un franco, 14 pesetas" es un filme bastante tradicional, aunque la práctica virginidad de su idea central le añade bastante interés. El plato fuerte es, sin duda, su reparto, que encabeza el propio director de la cinta, y entre quienes destaca Nieve de Medina como la matriarca de una familia que no pasa por su mejor momento. "Un franco, 14 pesetas", que consiguió un éxito moderado en el pasado Festival de Cine de Málaga, se eleva en el último tercio de su metraje, volviéndose más oscura, seria, y aumentando el tono intelectual de la propuesta.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.