"Tristán e Isolda" no es, hoy en día, una de las fábulas más apreciadas de la memoria colectiva, y la nueva película dirigida por Kevin Reynolds no está protagonizada por súper estrellas. Justamente por esto el filme se convertirá para cualquiera en una agradable sorpresa, en una película de época bien realizada, perfectamente situada en su contexto y con un apreciable equilibrio entre la acción y el romance. La película ha sido uno de los proyectos acariciados por más tiempo por Ridley Scott, que aparece como productor en los créditos; el director responsable de "Tristán e Isolda" no es, de todos modos, ningún novato en este tipo de cine ya que en su filmografía se cuentan "Robin Hood, príncipe de los ladrones" y "El conde de Montecristo". El trabajo del director es acertado la mayoría de las ocasiones, no aburre en ningún momento y desarrolla la acción de manera altamente satisfactoria, aunque su versión del mito no llega a rozar las profundidades trágicas de la ópera de Wagner. Respecto al reparto, ocurre algo similar con el guapo James Franco: da bien en las escenas de acción pero resulta repetitivo en la parte del triángulo amoroso. La también bellísima Sophia Myles, como Isolda, tiene algunos registros más, añadiendo inteligencia a un personaje partido entre la obligación y la pasión. Rufus Sewell, excelente y oscuro, consigue ganarse la simpatía del público con su brillante interpretación de Marke, pasando por una sutil gama de emociones desde la traición hasta la resignación. Entre el reparto destaca no obstante el actor que da vida al rey Donnchadh, el escocés David O Hara. Estupenda en los aspectos técnicos, "Tristán e Isolda" es una sorpresa agradable y resultona.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.