"Todo el bien del mundo" parece rescatado para la ocasión del estreno de "La casa del lago", la última película que el director argentino Alejandro Agresti ha dirigido en Hollywood. Podemos felicitarnos de que, aunque sea por este motivo, finalmente se estrene en nuestras pantallas esta película de la que algunos habrán oído hablar como "Un mundo menos peor", ganadora del Premio Ciudad de Roma en Venecia en 2004. Agresti supera la delicadeza y emotividad de "El sueño de Valentín", aunque no consigue salvar del todo algunos de los importantes errores estructurales de aquella. Volvemos en esta ocasión al tema de la familia en plena crisis, y a un Buenos Aires no menos convulso. Isabel, interpretada por Mónica Galán, se reencuentra con su marido desaparecido en los tiempos de la represión militar, Cholo, igualmente bien recreado por Carlos Roffé. Este tema le sirve a Agresti para analizar los resquemores del pueblo argentino, la esencia universal del amor y la familia, con la mirada amable tan poco habitual en el cine reciente. A ratos, sin embargo, el director carga demasiado en esta buena voluntad, confundiendo la lógica simpatía que los personajes deben provocar en el espectador con un abuso del melodrama y la compasión exagerada. Agresti ha escrito una historia central emotiva y bastante correcta, pero como le ocurriera en otras de sus películas recientes, se pierde entre personajes secundarios que aparecen sin demasiado sentido y que desaparecen sin haber resuelto los temas planteados. A pesar de ser un filme irregular que no evita una serie considerable de clichés, "Todo el bien del mundo" deja un sabor de boca provocado por el corazón más que por la calidad intelectual o técnica del filme.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.