Si hay algo que hay que reconocerle al cine argentino es su capacidad para hablar de los seres humanos, sus relaciones, virtudes y miserias. Ser persona tiene un potencial narrativo y de ciencia-ficción que no necesita de grandes esfuerzos creativos. Basta con pararse un momento, observar, recoger miles de detalles, sumarlos… ¡y se puede hacer una película! De esto es lo que nos cuenta esta cinta de Marcos Carnevale, de ser persona, de enfrentarse con la vida diaria con todas sus ventajas y dificultades. No es cosa sencilla y no la dibujan como tal. Ahora, que hay que señalar que está contada a esa manera, tan argentina, en que lo cortés se mantiene en las situaciones más extremas y se es capaz de hacer cómicos los momentos más críticos. Es emotiva, rica, contundente y humana, en definitiva. Es una mezcla de nosotros mismos solo que esa amalgama está ligada a través de un guión trabajado como pocos y hecho, finalmente, película.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.