Brian Jones, uno de los miembros originales de los Rolling Stones, tuvo una de esas vidas (y muerte) que recoge a la perfección el lema "sexo, drogas y rock and roll". La versión cinematográfica que el debutante Stephen Woolley ha hecho de su vida retrata bien el espíritu trasgresor de la época y del personaje retratado, pero la impresionante imagen resalta los fallos que se dan en el guión o en la concepción de la película. Ciertamente Woolley ha hecho un buen retrato del personaje, la epopeya de una vida tristemente perdida, pero algunas de sus decisiones dejarán confusos a aquellos que no conozcan bien al grupo, a Jones o los sesenta. La decisión, por ejemplo, de no usar música dl grupo, y hacer una banda sonora con las canciones y ritmos que inspiraron a uno de sus miembros, es interesante y novedosa, pero se aleja demasiado arriesgadamente del tema central de la película. El público más joven tendrá, probablemente, dificultad para entender de qué va todo el experimento, por lo que "Stoned" (juego de palabras que combina el nombre del grupo con el término colocado o drogado) se dirige directamente a los ya iniciados. El actor Leo Gregory está más que correcto en el papel de un Brian Jones, y el resto del reparto está bien elegido y dirigido. La imagen que Woolley imprime a su película mueve a la nostalgia, tal vez con demasiada perfección: como ocurría con "Boogey Nights", tanto efectismo crea la sensación de encontrarse ante un cascarón visual, destinado a ocultar los huecos de la historia y de la construcción de los personajes. Pero es un mal menor, y dentro de lo que cabe, "Stoned" es aleccionadora e interesante de modos diversos.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.