Los adolescentes son unas de las víctimas predilectas de los filmes de terror; podríamos analizar si esto se debe a que son los únicos interesados en el género, o si el horror cinematográfico ha ido perdiendo al público más adulto a base de ofrecer malas producciones. "Stay alive" es la última revisión de "Pesadilla en Elm Street", el filme de Wes Craven que inauguró este subgénero, en que una serie de púberes mueren en cadena por diversos motivos; pero si antes debía haber una invocación satánica, o había que cometer alguna injusticia contra un muerto para conseguir que su fantasma se manifestase con violencia, el terror se inicia a estas alturas del siglo XXI con una llamada perdida, el visionado de un vídeo o, como en este caso, con un vídeo juego. La propuesta suena efectivamente conocida y aburrida: tras jugar un juego, sobre una antigua noble conocida como la Condesa Sangrienta, los protagonistas pierden la vida progresivamente. Sin embargo, el filme podría haber resultado mínimamente entretenido, si sus responsables hubiesen sabido extraer algo de humor, o crear verdadero pánico, a pesar de la sencillez del guión. El resultado final es tonto, el director se toma su misión como algo sublime y elevado, y ni las escenas de muerte crean conmoción alguna. Nos resulta difícil indicar, aunque debemos hacerlo, que se echa de menos algo de la sangre y gore que en tantos otros filmes resulta excesivo por gratuito.