El guionista y director David Mamet nos presenta su nueva película, Spartan. El filme comienza con una escena de dos soldados en la selva, y nos introduce de repente en el secuestro de la hija del presidente de Estados Unidos. En un principio, el espectador puede preguntarse sobre a donde conducirá el filme, pero sencillamente el trabajo de Mamet se completa con intriga y acción al mejor estilo Tom Clancy. En la historia, el país asigna la búsqueda de Laura al militar Robert Scott, un hombre que ha dedicado toda su vida al espionaje y el servicio secreto. Para el trabajo le asignan un nuevo compañero, Curtis, un novato que termina por convertirse en su protegido. A medida que la investigación avanza, comienzan a tener más trabas y problemas para encontrarla; hasta que un día la prensa anuncia la muerte de la joven. Convencido de que algo más grande que un simple secuestro político se encuentra detrás de todo el asunto, decide continuar con la investigación a escondidas, descubriendo que las ambiciones políticas de algunos encubren un peligroso complot.
La película transcurre muy rápidamente, y los diálogos son claros y concisos, unas características que generalmente harían de este filme un thriller más, como La hija del general o Basic, pero la verdad es que Mamet consigue realizar una película que mantiene al espectador aferrado a la butaca de la sala, ya que establece todas las relaciones de la historia con imágenes y poco dialogo, permitiendo que sea el espectador el que poco a poco vaya descifrando el filme.
Las actuaciones son buenas, destacando a Val Kilmer, que ya desde hace mucho tiempo no lo veíamos en una buena película ni realizando una buena interpretación. Su trabajo completa al de Mamet en la realización de un nuevo thriller de acción, cargado de intensidad que consigue inquietar al espectador como en algún momento lo consiguieron filmes de los años 90 de la mano de Sam Raimi en Un plan sencillo o Phillip Noyce con Juegos de Patriotas.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.