"Sobre ruedas" tiene como mínimo un trasfondo curioso: el tema del paso a la edad adulta de sus personajes se sitúa en una discoteca de los años 70, donde los jóvenes bailaban sobre patines al ritmo de la música funky. Pero una vez quitamos las luces, la bola de espejos y la nostálgica banda sonora la historia central, entre un adolescente y su padre, no llega a cuajar aunque su base y sus intenciones son buenas. La película no es mala, de todos modos. El problema de "sobre ruedas" es por exceso y no por defecto: el tema central de la película son las relaciones humanas, y no el patinaje, pero desgraciadamente el director Malcolm D. Lee nos ofrece demasiadas posibilidades, muchas pequeñas historias que decoran pero acaban creando una sensación general de dispersión. A pesar de esta pequeña falla, "Sobre ruedas" es un film emotivo y personal, algo tal vez inesperado pero que se agradece en cualquier caso. El otro elemento que puede distinguir efectivamente esta película de otras es el patinaje, que aunque sea sólo una excusa es más original que retomar las discotecas del estilo de "Fiebre del sábado noche". Cuando el patinaje aparece, eso sí, maravilla la técnica aprendida por los actores, así como la fotografía de Michael Muro que llena lujosamente con ricos colores el amplio formato elegido para la filmación. Los actores hacen todos un trabajo de actuación excelente, insuflando vida y memoria a unos personajes hace tiempo extintos, aunque el guión les exija algunas veces interpretar historias de las que faltan datos. Música funky, amores y desamores, grupos de adolescentes, cabecillas y admiradores son palabras claves del filme.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.