Manuel Sanabria y Carlos "Pocho" Villaverde le han puesto mucha buena voluntad a esta road-movie cómica sobre un grupo de rock estrafalario de la movida de los 80, pero muchas veces eso no es suficiente. Con un sentido del humor empobrecido Sinfín recorre los caminos de su trama queriendo ser más original de lo que en realidad es, y consiguiendo un producto de género que tiene más que ver con las películas de Parchís que con el rock and roll que la banda toca jugando a ser malos. En el casting y en la dirección de actores es donde los directores parecen haberse equivocado porque aunque sea interesante la participación de Dani Martín (del grupo El canto del loco) en el papel protagonista y de El Sevilla en un secundario, incluso Nancho Novo parece un aficionado delante de las cámaras. Los que conozcan a Sanabria y Villaverde lo harán por La fiesta, que aparte de sus méritos humanos y promocionales no tenía nada de buen cine. En Sinfín tampoco hay buen cine, pero cuenta con más presupuesto y un guión más trabajado, llegando al resultado final de una película adolescente al estilo americano.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.