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Scoop. La facilidad con que prende la opinión. Queda sellada en los periódicos cuando los críticos emiten su veredicto y recorre vertiginosa las redacciones ya convertida en dogma o macdonalds para quien quiera oírla. Y los voceros amplían el campo de su audición. Y con la desgana con que se recibe el caudal ingente de la información entra en la red y queda atrapada, inmarchitable, fósil para los próximos años. Pasto de historiadores de cine o revisionistas. Aún estamos a tiempo de hacer una cuña, y no un réquiem, por Scoop. Veamos la manera de equilibrar la balanza: la última película de Woody Allen es la cara de Match Point o su envés, o la otra mitad de Jano. Mejor que la mayoría de las películas rodadas en Estados Unidos antes de que el cineasta norteamericano decidiera trabajar en Inglaterra, recupera el espíritu de algunos de sus mejores títulos cómicos, como Misterioso asesinato en Manhatan y algunos de los comodines imaginativos de otros (como Alice o Poderosa Afrodita: una realidad acompañada por la fantasía). Allen concibe a llevar la historia a un lugar al que un Almodóvar modoso no se atreve a pisar. En Volver se espera que la fantasía urdida por el realizador llegué a eclosionar y no forme parte de una de sus rutinarias y sabidas tramas; pero no: ni hay fantasmas ni se le esperan: y por ahí se escapa, como aire de globo pinchado, la película. Allen no comete esta grosería. Si quiere poner la muerte por medio o el tránsito de los muertos al más allá, dice a sus operarios: pongan un decorado y suban a unos actores; rodamos en la nave de la parca. Algo así. Quizá hace mejor Scoop que sus comedias de última hornada americana cierta estética británica, que ya había explotado en Match Point, o el giro dramático que impone al personaje del mago (el propio Allen) cuando se encuentra con una joven (Johanson): ya no va a conquistarla, ahora es su padre. El personaje Allen es anciano, aunque toda su gestualidad, todo su despliegue vital lo contesten desde el principio al final. Lo querríamos (paradójicamente como en la realidad de su matrimonio con la asiática que le acompaña) real: que hubiera romance. Quizá como venganza hacia la juventud perdida urde una historia de amor cuyo amante (alto, fuerte, vigoroso) es desprestigiado por sospechas sobre su comportamiento ético. Y otra cosa: Allen es como Rohmer: en una película de asesino en serie no aparecen los crímenes, y cuando este se da, tiene truco (no hay truculencia, apenas un vago homenaje a Un lugar en el sol); y el muerto muere fuera de campo, pero no lo sabemos hasta un rato después, así, como de pasada, sin dramatismo (el pobre se murió: y ya está: a otra cosa): como Rohmer: anticlimático, lígero (o aéreo).
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