"Saw II" no es ni peor ni mejor que Saw, lo que ya debería servir a algunos a la hora de saber qué esperar de esta película. Sólo un año después de "Saw" ya tenemos segunda parte, aunque esta vez ha cambiado el director: Darren Lynn Bousman se encarga de esta película de terror de baratillo después de haber rodado sólo otro largo, la desconocida "Identity Loss". La cuestión en "Saw II" es que un grupo de pobres desgraciados deben escapar de un refugio si no quieren ser gaseados mortalmente. Pero Jigsaw, el demente que los ha encerrado allí, ha dejado el camino plagado de trampas igual de mortales. La carnicería en que se convierte "Saw II" a los pocos minutos de su arranque tiene tan poco sentido como lo tenía en la primera parte. Aunque el presupuesto de una película a la siguiente se ha doblado, la mayor cantidad de sangre y trampas metálicas que ahora se exhiben en esta película gore no consiguen hacerla especial en ningún sentido. Hay una radical falta de humor y autocrítica en "Saw II", dos elementos que suelen beneficiar sobremanera a las películas de este tipo porque aligeran los momentos terribles y dan una carga de profundidad al conjunto. Bousman se lanza a tal aventura sangrienta que, después de haberse horrorizado un rato, al espectador le entra un aburrimiento terrible: el ritmo es de las matanzas es constante y monótono. Hay una teoría que se aplica a cualquier película, y es que incluso una comedia necesita algún momento en que el humor rebaje su tono, porque el espectador no puede seguir un "crescendo" continuo indefinidamente. Decir que esta película está mejor actuada no es garantía de nada, si uno recuerda cómo se movían los actores en la primera parte. Y respecto a la trama, si es que se la puede llamar así, es un cúmulo absurdo de confusiones; la historia está forzada hasta hacerse inextricable por seguir el objetivo único de introducir cuántos más elementos carniceros sea posible.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.