Roger Gual no sólo ha salido indemne de la difícil misión de realizar una segunda película, especialmente después de ganar el Goya con su ópera prima "Smoking Room", sino que su triunfo es aún mayor. "Remake" es una obra creativamente difícil y muy satisfactoriamente resuelta. Gual se acerca a aspectos mucho más íntimos que los que trataba en "Smoking room", aunque mantiene el difícil equilibrio entre el artificio que toda gran obra cinematográfica requiere y el realismo que da verosimilitud. "Remake" no es naturalista, aunque tenga mucha realidad en él, sino un engaño muy bien construido y con un trasfondo notable. "Remake" reúne mimo y locura, libertad e inteligencia. Es una película para saborear y disfrutar en el momento y para ser razonada después. Gual ha dado muy buenos personajes a sus muy buenos intérpretes, y estos le han devuelto agradecidos el favor. Se nota que la implicación de unos y de otros ha sido total. Es un placer descubrir a Mario Paulucci, y dejarse llevar por el excelente trabajo de los intérpretes más conocidos. Al momento de comenzar el filme, uno ya no ve a Poncela, Munt, Juan Diego, Salmerón o Brendemühl, sino que se encuentra ante un grupo de amigos, y se siente cercano a ellos. "Remake" sigue teniendo la ironía de "Smoking Room", pero el tono es bastante más dulce, y las catarsis son menos forzadas y más purificadoras. Gual ha conseguido fotografiar el tiempo mismo, a través de dos épocas y un espacio intermedio, en esta película llena de emoción y emociones.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.