Reencarnación es la segunda película del director y co-guionista, Jonathan Glazer, tras su espectacular debut en el 2002 con Sexy Beast. En el comienzo de la historia la espectacular música de Alexandre Desplat nos transporta a una terrible escena, donde un hombre, aparentemente saludable, cae al suelo tras un ataque al corazón. Diez años después, su viuda, Anna, está a punto de casarse otra vez con Joseph, un hombre que más que amante parece su mejor amigo, cuando en medio de la fiesta de compromiso, un niño de diez años aparece diciendo que es la reencarnación de su difunto marido. Sí, no se asusten, el filme no es una película de terror psicológico con giros inesperados y escenas de terror, sino todo lo contrario, es en realidad un drama emotivo con una música estupenda, que nos invita a pensar sobre las posibilidades de la reencarnación y en la situación que debía pasar esta pobre mujer, y nos cuestiona, ¿Qué haríamos nosotros mismos en su lugar?
Así, Reencarnación utiliza las miradas y gestos para contar su historia, más que con diálogos. Después de que Sean le revela a Anna varios acontecimientos que ella vivió en la intimidad con su difunto marido, Anna comienza a creer que quizás sea posible, llevándola a una situación confusa e intrigante.
Jonathan Glazer utiliza varios primeros planos para mostrar la ansiedad y pensamientos de su protagonista sin necesidad de dialogo. Por ejemplo una escena extraordinaria sucede en medio de un concierto de opera, con la música de fondo y la mirada preocupada y desorbitada de Anna tras haber tenido una discusión con Sean. Nicole Kidman es espectacular en esta escena, transmitiendo exactamente lo que su papel podría estar pensando.
Gracias a este papel, olvidamos el gran fracaso de Kidman en Las mujeres perfectas, después de interpretar a Anna como una mujer sofisticada, melancólica y seria.
La famosa escena que generó una gran controversia en el estreno del filme en Venecia 2004, no es tan exagerado como nos hicieron pensar. En la escena Anna se encuentra en la bañera, y Sean entra en la habitación, se quita la ropa y se mete con ella, alegando que quiere ver a su esposa. Probablemente, muchas personas lo vean como una escena fuera de lo normal, pero dentro del contexto de la película es interesante, ya que aquí no vemos pornografía infantil, sino sentimientos y confusión.
La música y la fotografía son muy buenas, al igual que las actuaciones, aunque es Kidman quien se lleva todo el mérito de la película.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.