Es uno de los conceptos más presentes en nuestro día a día y, en cambio, cuando suena la palabra nos parece extraña. El pudor es todo aquello que reservamos para nosotros mismos y que procuramos ocultar a los demás para evitar que nos hagan daño. Es un concepto y un sentimiento que puede conducir a la incomunicación, a la soledad... y a la risa. Muchos de nosotros, si lo pensamos con distanciamiento, veríamos lo absurdo de nuestros temores. Al fin y al cabo “el otro” está tan inmerso en sus propias miserias que no tiene ganas ni tiempo para pensar en las nuestras a menos, claro, de que le hayamos hecho algún tipo de afrenta. Entonces nos observará y evaluará hasta obtener un veredicto para compartir con otros congéneres y hacernos, si el conflicto es extremo, el vacío. Esta reflexión se deduce del visionado de esta película que firman Tristán y David Ulloa y que está tratada desde un punto de vista más bien cómico. La risa es terapéutica y, al fin y al cabo, a nadie le interesa que le tiren mucho de las orejas. Como propuesta cinematográfica es recomendable y nos ayuda a dar una vuelta de tuerca más a nuestro modo de relacionarnos con los demás. El argumento, arriesgado y curioso, puede obtener una interesante respuesta en taquilla que revalida la posición de los Ulloa como valores del cine patrio.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.