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El director de culto Spike Lee se acerca a las grandes producciones americanas con “Plan oculto” (“Inside man”), un thriller plagado de misterio y acción que renueva el género, dando una vuelta de tuerca final al concepto de sorpresa.
Los galardonados Jodie Foster (“El silencio de los corderos”) y Denzel Washington (“Philadelphia”) protagonizan, junto a Clive Owen (“Closer”), una película sobre el afán excesivo de poder y la fealdad de la codicia extrema, todo ello en torno al último plan cinematográfico para un atraco perfecto. Spike Lee, que ya ha retratado varias veces los barrios periféricos de Nueva York, se desplaza hasta el centro económico de Manhattan para crear entre sus rascacielos un vertiginoso puzzle donde nada es lo que parece.
Universal Pictures e Imagine Entertainment han trazado el plan perfecto para encandilar a la taquilla. Desde que se estrenó en Estados Unidos el pasado 24 de marzo, “Plan oculto” se ha convertido en un éxito inmediato, con un rapidísimo boca a boca que siempre termina con la frase “no te puedo contar más”. Foster, Washington y Owen centran la atención del espectador, haciéndole aguantar la respiración cada vez que aparecen, gracias a sus estupendas interpretaciones pero también al lema de la película: “Ningún detalle carece de importancia. Ninguna pista se puede desperdiciar”.
Spike Lee (“Haz lo que debas”, “Malcom X”, “La hora 25”) vuelve al tema de sus antiguas películas de los años 70 sobre la corrupción policial, pero con un presupuesto sensiblemente superior. Detrás de él está uno de los productores más poderosos y exitosos de Hollywood, Brian Grazer, responsable de “Flightplan” y de “El código Da Vinci”. El debutante Russell Gewirtz firma un guión en el que cada personaje tiene más de una máscara, donde nada ni nadie es lo que parece y en el que da cualquier cosa por sentado es un asunto de vida o muerte. Spike Lee se ha adaptado a uno de los pocos guiones que no ha escrito él mismo, con una dirección rápida y concisa, llena de violentos giros de cámara que acompañan cada inesperado suceso de la historia.
Los papeles claves de los protagonistas están, aparentemente, bien definidos al principio. Denzel Washington es un detective de Nueva York al que acaban de ascender, pero se ve envuelto en un escándalo de corrupción. Clive Owen es un criminal brillante, que supera con su plan la imaginación de cualquier personaje del cine que haya fantaseado antes con robar un banco. Mientras que Jodie Foster es una misteriosa asesora financiera de Wall Street, que hace exactamente lo que sus clientes le pagan por hacer sin ningún reparo moral.
El comienzo de la película también es relativamente sencillo: unos atracadores consiguen encerrarse en un banco del sur de Manhattan tomando como rehenes a los 50 empleados que había en el momento. La genialidad de los ladrones es que van a conseguir implicar, contra su voluntad, a estas personas en el gran golpe que quieren dar. Denzel Washington es el negociador de turno, el detective Keith Frazier, que intentará establecer contacto con Dalton Russell (Clive Owen), el jefe de los secuestradores, para liberar a los rehenes. Pero, ¿cómo hacerlo si se es incapaz de distinguir a los rehenes de sus secuestradores? Cada acción de Frazier parece haber sido prevista ya por los maleantes, y las intenciones de estos no llegan a estar claras para el detective. La cosa se complica cuando la misteriosa Madeline White (Jodie Foster) entra en acción, pidiendo hablar con Russell, y creando en el detective la sensación de que se está tramando algo a sus espaldas y de que tampoco el atraco es lo que parece. Comienza entonces un complicado juego del gato y el ratón, en el que las normas cambian continuamente, los personajes intercambian sus roles y el espectador intenta adelantarse a la inesperada conclusión sin conseguirlo.