El joven británico Joe Wright debuta en la dirección de largometrajes con una correcta y divertida adaptación de la novela más famosa de Jane Austen. "Orgullo y prejuicio" ha rejuvenecido gracias a la elección de un reparto más cercano en edad a los personajes originales que el de otras adaptaciones. La versión de Joe Wright también se hace accesible, gracias a su buen humor y calidad, a aquellos amantes del cine de época que sin embargo no son tan amigos de la escritora inglesa (autora de "Emma" y "Sentido y sensibilidad"). Wright mantiene un equilibrio admirable entre el realismo y el romanticismo a la hora de retratar la Inglaterra Georgiana, y demuestra un pulso muy firme al seguir sin complicaciones a los muchos personajes que pueblan el filme. El nuevo "Orgullo y prejuicio" tiene no obstante una estrella indiscutible: Keira Knightley deleita con una actuación que fue merecedora de una nominación al Globo de oro. Knihgtley ("Piratas del Caribe") ha aprovechado bien la oportunidad que esta película le ha dado, recreando una Elisabeth Benneth moderna pero deliciosamente bien ubicada en el siglo XVIII. El resto de intérpretes también hacen un trabajo correcto, especialmente en la labor coral de dar un tono humoroso pero sutil al conjunto del filme; destacan entre ellos los veteranos Donald Sutherland y Brenda Blethyn. El trabajo de adaptación del guión es igualmente loable: la película cuenta lo esencial, sin dar datos innecesarios sólo porque están en la novela y sin obligar al espectador a atar los lazos que en este tipo de producciones ambiciosas suelen quedar sueltos. Tras glosar el trabajo de los intérpretes, de la guionista Deborah Moggach y del director, es justo dar mérito al superior trabajo de Sarah Greenwood en el diseño de producción y de Jacqueline Durran en el de vestuario. La infinidad de detalles de los espacios, accesorios y ropajes son una maravilla por sí mismos y fotografiados por Roman Oshin. "Orgullo y prejuicio" avanza a buen ritmo, desde unas escenas iniciales que quitan el aliento haciendo un buen resumen de los personajes principales, hasta los varios bailes que hay en el filme. Estas escenas, difíciles de resolver, son el mejor ejemplo del buen trabajo de Wright: sus coreografías aúnan espectáculo con elegancia y la descripción social detallada de un momento histórico concreto.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.