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Vuelven las aventuras y desventuras de la banda de Danny Ocean (George Clooney). El éxito de las dos primeras entregas han permitido una tercera secuela en la que se repiten muchos nombres, se nota la ausencia de otros con mucho peso (Julia Roberts y Katherine Zeta Jones) y atrae a nuevas estrellas. Los nombres más destacados, por novedosos, de ésta son: Al Pacino y Ellen Barkin.
La prensa estadounidense ya ha destacado que es la primera vez que Al Pacino y Andy García comparten cartel después de la tercera parte de “El Padrino”. Aquélla le supuso a García una nominación al Oscar como mejor actor secundario y aupó a Pacino entre los grandes intérpretes del año.
En esta ocasión la rivalidad de Danny Ocean y Terry Benedict, a quien el primero desplumó con una ingeniosa estafa en Oceans’12 se incrementa por la entrada en liza de un nuevo empresario de los casinos: Willy Banks.
Banks es el rival de Benedict y se gana la enemistad de Ocean Reuben cuando se ensaña en su amigo Reuben Tishkoff (Elliott Gould). Tishkoff acaba en el hospital víctima de un ataque al corazón y el justiciero ladrón líder de una banda de ingeniosos estafadores cuyo verdadero valor está en el grupo pues por separado no dejan de ser ladrones de medio pelo, decide vengarse del desalmado empresario del juego.
Para ello establecerá una unión puntual con su más reciente “desplumado”, Terry Benedict. El dueño de uno de los casinos más rentables de Las Vegas tiene sus cuentas pendientes con Banks y quiere saldar alguno de sus lances y recuperar, de paso, algunas de las ganancias que perdió en su enfrentamiento con la banda de Ocean.
Las razones: venganza, dinero, justicia... son un trío conceptual que pone alicientes de interés y gancho que se ha repetido hasta la saciedad en el cine de Hollywood y que, en cambio, es un filón inagotable. La maestría de esta saga de cine de estafadores está en que, realidad, manejan ingenio y talento aplicando, a partes iguales, tecnología y recursos personales. Agilidad, malabarismos, seducción, actuación... estos timadores dominan el disfraz y la locuacidad tanto como entrenan la ligereza de sus manos que, al fin y al cabo, son las que tienen la responsabilidad última de ejecutar el golpe y continuar mantiniendo su ritmo de vida.
La película ha sido rodada en Los Ángeles y Las Vegas y, sobre todo, lo que cuenta en ella es el ingenio y el talento. Dan ganas de entrar a formar parte de este simpático y selecto grupo de estafadores a los que hay que “repescar” para los casos importantes pero que, entre tanto, se dedican a trapicheos sin demasiada fortuna... hasta que Danny Ocean sale de la cárcel.