Steven Soderbergh repite con su clan `Ocean´ en la tercera entrega de la exitosa saga que nació como un remake de un clásico de Frank Sinatra. La razón de su éxito: venganza, dinero, justicia y los actores con más glamour de Hollywood. La maestría de esta saga de cine de estafadores está en que, realidad, manejan ingenio y talento aplicando, a partes iguales, tecnología y recursos personales. Algunos de los personajes cobran mayor protagonismo y no será solo Ocean el cerebro del pastel. Un hecho destacable es que todos los actores que han participado en las dos primeras entregas, aparte de ya ser conocidos y tener una carrera consolidada, han querido repetir por el reto que plantea un filme de estas características. No se trata de hacer el papel de sus vidas... pero además de percibir un generoso salario entra en juego otro elemento que resulta de gran interés para un actor: el humor. Hacer reír es una de las reacciones más difíciles de conseguir en los espectadores y en esta saga el humor siempre ha estado presente aunque de un modo muy sutil. Soderbergh tiene que ir con mucho cuidado en su trabajo de dirección pues que las secuencias resulten demasiado "evidentes" no es el agrado del público... y este es un filme comercial pensado, creado, producido, dirigido y comercializado con ese objetivo: hacer taquilla. En resumen, "Ocean´s thirteen" es divertida como era de esperarse, la historia implica más a todos los personajes lo que resulta refrescante en una saga donde el protagonismo era siempre de Clooney y Pitt. Damon gana terreno y se convierte en el rompecorazones de esta secuela. El gancho: la elección de Al Pacino como el blanco del robo, indiscutiblemente espectacular.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.