Si a alguna película recuerda "Nueve vidas" es al anterior filme del mismo director, Rodrigo García, "Cosas que podría decir con sólo mirarla". Los temas esencialmente femeninos, la estructura en pequeños episodios, los planos cercanos que se centran en los personajes tanto como en detalles aparentemente banales, una banda sonora casi minimalista e incluso el trabajo repetido con algunas de las actrices (como Holly Hunter y Glenn Close), reaparecen haciendo a ambos filmes complementarios aunque no iguales. Resistirse a un reparto que incluye a ambas estrellas junto a una treintena de grandes actores resulta siempre difícil: afortunadamente no necesitamos recomendar ninguna resistencia, pues "Nueve vidas" es un paseo satisfactorio en casi todo su recorrido. Alguno de los capítulos resulta frustrante, pero no por la mala calidad del trabajo de sus responsables, sino por la esencia del formato elegido por el director: las historias de "Nueve vidas" son mínimas en la pantalla, obligando al público a adentrarse en la vida de sus protagonistas por una puerta trasera, no siempre amplia, y en una posición incómoda. Pero esto debería afectar sólo a aquellos espectadores que requieran que un director les ahorre todo esfuerzo intelectual o creativo por su parte. Como película está mucho mejor elaborada, por citar un caso cercano, que la relativamente "Coffee and cigarettes" de Jim Jarmusch. Rodrigo García, que se ha pulido como director y escritor trabajando en series de culto como "Los Soprano" y "A dos metros bajo tierra", cuenta lo esencial con los detalles justos, recreando perfectamente la sensación de vida. Aunque su método parece inspirado en los relatos de Carver, que inspiró a su vez la película "Vidas cruzadas" de Robert Altman, casi todos los episodios son mucho más optimistas que la obra de este escritor. Y por supuesto está el reparto, al que uno puede entregarse sin ninguna reserva: García ha creado personajes magníficos para unas actrices que a cambio le retribuyen con interpretaciones magníficas. Es imposible separar la mirada de ellas, conocedoras de que sus personajes cargan con mucho más de lo que el guión muestra y liberadas por el estilo de dirección que García ha elegido: cada capítulo es un plano fijo, aunque lleno de vitalidad y movimiento, que les permite regodearse y recrear con todos los matices las vidas de estas mujeres. Asombra que García haya podido combinar tanta energía y verismo con una planificación milimétrica que deja poco al azar.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.