Hay quien se horroriza al saber que Sylvester Stallone prepara el rodaje de "Rocky Balboa" (y de "Rambo IV"), aunque este personaje creado por él mismo le valió una nominación al Oscar y otra al Globo de Oro allá en 1977 (como mejor actor, además de mejor guionista). Si lo mencionamos es porque Jackie Chan, el último héroe de acción, ha realizado en esta segunda parte de "Police Story" (1985) una incursión en el drama similar a la que hiciera Stallone cuando rodó "Copland" (1997, James Mangold). Pero salvando muchas distancias. En "New Police Story" Jackie Chan llora, y lo pasa mal, y tiene demonios interiores que lo atormentan. Pero Chan no es ese curioso actor que es Stallone, con algunos momentos de brillantez dramática durante su carrera, ni ha tenido en Benny Chan el apoyo que Stallone tuvo de Avildsen en "Rocky" o de Mangold en "Copland". Entre el director, Chan, y el actor, Chan, han creado una película muy extraña, bastante deprimente, sin un concepto claro. Jackie Chan está envejeciendo, y aunque no pierde valor su buena vena cómica, su cuerpo parece estar resintiéndose: en la pantalla se nota. Las peleas de Chan cada vez son más escasas, y en "New Police Story" sólo hay un mano a mano verdaderamente interesante y sostenido. Su intento de convertirse en actor serio, sea suya la decisión o del director, tampoco funciona; en parte porque no hay una trama lo suficientemente profunda para justificar tal cambio de registro. A una película de Jackie Chan hay que pedirle lo que puede dar: Jackie Chan, chistes sencillos, peleas muy bien coreografiadas y, cada vez más acción en vehículos y explosiones. En el intento de hacer algo mayor, Chan y Chan se han perdido lo que de verdad importa, lo que Jackie mejor sabe hacer y lo que su público espera de él. Podría ser peor, pero también mejor.
La tregua entre el mundo de los humanos y el reino de lo fantástico está a punto de romperse. En estos casos sólo hay una criatura a la que se puede recurrir.