Steven Spielberg y Robert Zemeckis se dan la mano de nuevo para producir otra joya de la animación, como hicieran hace casi dos décadas con "¿Quién engañó a Roger Rabbit?". El resultado no es del todo novedoso pero la película tiene magia, hechiza durante la hora y media que dura a pesar de algunas referencias robadas a Tim Burton y la saga de "Harry Potter". El argumento es sencillo y sin embargo funcional: tres niños descubren que la casa de enfrente está poseída por un espíritu maligno, y que está devorando al vecindario. Llegar al estómago del monstruo para acabar desde allí con él es la única solución, aunque se necesita un buen plan y muchas agallas. Podemos ver al Spielberg de "ET" detrás de los pequeños niños que protagonizan la película, en el retrato de la infancia como un momento mágico pero terrible que provoca sorpresa al igual que pavor. Zemeckis ha cedido la técnica rotoscópica que usó para la irregular "Polar Express" al debutante Gil Kenan, un narrador excepcional y un genio de la imagen animada. "Monster house" es tal vez algo excesiva en los exhibicionismos visuales y sonoros que realiza: al final del viaje uno se siente como salido de una atracción de feria, pero ningún niño podría quejarse de ello. Además se les ahorra, a ellos y a los espectadores adultos, la habitual retahíla de consejos morales que suelen acompañar a las producciones infantiles. Más allá de las virtudes de la historia, gótica y muy del gusto Tim Burtiano, "Monster House" es una delicia para ser contemplada: por un lado el salto en la calidad técnica con que el filme retrata a los humanos es considerable, aunque en algunos momentos los personajes parezcan de plastilina; los niños actúan como tales y muchos de sus gestos son inesperados, muy humanos y bien dirigidos. Por otro lado, se ha cuidado magníficamente la narración visual, el cambio de planos y las perspectivas originales: con demasiada frecuencia las películas de dibujos prestan atención únicamente a la animación de los personajes, convirtiendo la narración en una serie de postales consecutivas de plano casi fijo. Por último, están las texturas y los colores, siniestros, complejos y muy acordes con el espíritu general del filme.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.