El director Ivan Reitman tiene en su currículum un puñado de comedias que, sin ser obras de arte, entretienen durante el tiempo que duran, pero que dejan poco lugar a un recuerdo especial. Posiblemente "Los cazafantasmas" sea la única que escapa a esta teoría; "Mi súper ex-novia" se suma más bien al grupo de "Poli de guardería", "Dave: presidente por un día", "Junior" y "Seis días y siete noches". Lo mejor que puede decirse de Reitman es que su trabajo es bastante homogéneo, y que su forma de hacer comedia casi se mantiene al margen de las modas que se han dado durante las dos décadas que lleva trabajando. Yendo a lo más característico de esta película en particular, el futuro espectador podrá reírse más o menos atendiendo a algunas variantes relacionadas con la lucha de géneros: la heroína interpretada por Uma Thurman es un cliché que los más belicosos considerarán sexista y ofensivo. Aquellos que no tengan una fibra especialmente sensible a estos temas tampoco podrán dejar de apreciar el carácter sexista que envuelve al personaje, pero aún así podrán reírse con esta especie de "Sexo en Nueva York" mezclado con "Superman". La película no trata sobre las mujeres o sus problemas: habla de los hombres y de sus relaciones problemáticas con el sexo opuesto. Lo mejor de Reitman es también su peor defecto: no se deja marcar por las modas, pero tampoco parece sensible a los nuevos aires sociales que soplan, así que la mujer sigue siendo un mero apéndice del hombre incluso cuando centre el título de la película en ellas. A pesar de nuestra crítica socio-política consideramos a "Mi súper ex-novia" una comedia divertida: está basada en un chiste, no hay más misterio, y está bien planteado, aunque cada cual puede decidir a priori si éste es su tipo de humor.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.