"Mi nombre es Harvey Milk" es una de las películas del año, y muestra de ello es que la crítica se ha rendido a sus pies. De hecho, ya suena como una de las candidatas a los Oscar y muchos consideran que Sean Penn ya tiene casi medio Oscar en el bolsillo. Penn es uno de los mejore actores de su generación y borda el papel en este biopic del primer político abiertamente gay que, a día de hoy sigue siendo un referente. Increíble la capacidad camaleónica de este actor, que es capaz de adoptar los gestos y la forma de hablar de un personaje complicado. El reparto que le acompaña es también, de lujo. Josh Brolin da vida a Dan White, el rival de Milk, y su caracterización es asombrosa. Emilie Hirsch y Diego de Luna (quien da vida a su amante) tampoco lo hacen mal. El realizador Gus Van Sant hace un buen trabajo, sacando lo mejor de cada uno de los actores, y mezclando ficción e imágenes reales de los 70 de manera magistral. El fallo, una gran dosis de americanismo propio del cine de Hollywood.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.