La propuesta de "Mentes en blanco" cae a medio camino entre el "Cube" de Vincenzo Natali, la "Lulu on the bridge" de Paul Auster y el "Memento" de Christopher Nolan, aunque con menos exhibicionismo visual y más tensión puramente narrativa. El desconocido Simon Brand dirige un thriller del que el misterioso absoluto es la esencia, una especie de novela de Agatha Christie actualizada con elementos postmodernos pero cuyo centro narrativo es el mismo: descubrir al asesino, o a los asesinos. "Mentes en blanco" funciona sorprendentemente bien aunque no sea una obra maestra, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de contar esta historia sin que a sus responsables se les salga de las manos y, sobre todo, manteniendo el equilibrio justo entre escamotear alguna información al espectador sin hacerle sentir idiota. El reparto, encabezado por James Caviezel y Greg Kinnear como dos de los hombres cuya memoria ha sido borrada, dos protagonistas que pueden ser el secuestrador del otro, está suficientemente bien como para no resultar tonto, dado que la premisa de la película los fuerza a actuar como si no supieran qué pasa, pero todo esto llega servido por un guión aseado del también debutante Matthew Waynee.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.