Esta producción franco-anglo-surafricana dirigida por Régis Wargnier es una obra preciosista cuya fotografía es un placer sibarita para la mirada. La historia pone por los suelos a los antecedentes de la arqueología y la antropología modernas. La película transcurre en 1870; y lleva a Jamie Dodd (Joseph Fiennes) y Elena Van Den Ende (Kristin Scott-Thomas), médico y aventurera a viajar al oscuro corazón de la inexplorada África Ecuatorial. Buscan los orígenes de la humanidad, el eslabón perdido. Lo lamentable es que, con vergüenza sonrojante, hemos de reconocer que la comunidad científica ha distado durante siglos de ser sensible, abierta y objetiva. Esta es una película para enfrentarnos a nuestra propia necedad, para aprender que de los errores se extrae lo mejor del ser humano y que la generosidad es una virtud de un valor inestimable. Kristin Scott-Thomas, una actriz de porte aristocrático e interpretación sobria, vuelve a estar inmejorable. Traslada a sus personajes una pasión que le sale por los cuatro costados y que le permite dotar de una vida propia a personajes que a otra intérprete menos capaz de comunicar con gestos contenidos se le hubieran caído. Esta actriz no cuenta con muchos galardones en sus estanterías, lo que es una tremenda injusticia si tenemos en cuenta que es capaz de hacer esta Elena Van Den Ende.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.