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“Maleficio” está basada en el primer caso documentado de un ataque paranatural de un fantasma contra un humano. La pesadilla que relata la película describe los sucesos que acontecieron a una familia americana a comienzos del siglo XIX, cuando la razón y lo metafísico pugnaban por hacerse con el dominio exclusivo del alma de las personas.
Algunos hablan ya de la película de terror más inteligente de los últimos años. Su propuesta sin embargo no es nueva, pues enlaza con filmes clásicos como “El exorcista” o “Poltergeist”. Cuando el filme se inicia, nos encontramos con una niña que corre por un bosque nevado huyendo de una presencia invisible. Entra en casa y se arma con un cuchillo, sólo para huir a continuación escaleras arriba y refugiarse en su habitación, cerrando con llave. Pero el pomo de la puerta empieza a temblar, la cerradura cae al suelo, la presencia entra en la estancia y una niña momificada aparece junto a la protagonista un segundo antes de que ésta despierte gritando.
En la vida real, rechazaríamos darle importancia a lo que calificaríamos de mera pesadilla. Pero en el cine de terror las reglas son otras, y cada elemento contribuye a crear lo que será, en sí mismo, una pesadilla mayor. Cuando la niña despierta su madre acude a consolarla: nos encontramos en el presente, aunque la historia dará en seguida un giro fundamental para trasladarnos a otra época. La madre baja las escaleras hasta un pequeño estudio; bebe un trago de vodka; mira una foto de su hija con un hombre, al que suponemos su padre, y hace un comentario insultante sobre el que suponemos es su ex marido; entonces inicia la lectura de una emocionante carta antigua, escrita sobre papel envejecido, que empieza con una advertencia atemorizadora: “si esta carta ha llegado a tus manos, es que estás viviendo o estás a punto de vivir una serie de eventos terribles sin explicación racional, tal vez paranormales, sobre los que creo necesario advertir”. La escribe un profesor que dice no haber creído nunca, hasta el momento, en posesiones infernales o en fantasmas.
Nos desplazamos entonces al pequeño poblado de Red River, en Tennessee, poblado por unos pocos habitantes cuya vida gira alrededor de una parroquia. Todavía en el primer cuarto de película ya hemos conocido a todos los personajes implicados: la familia Bell, formada por un matrimonio y sus dos hijos, una mujer de la que se dice es una bruja y el profesor de la escuela. La vida de los Bell parece apacible durante los momentos iniciales de la presentación. Sin embargo, un juicio llevado a cabo en la parroquia, por un asunto de dinero y tierras, da la vuelta a su idílica situación. Tras el fallo del jurado, que encuentra culpable de usurería y estafa al señor Bell (Donald Sutherland), la supuesta bruja del lugar arroja sobre él un maleficio, que pesará sobre los terrenos en disputa y sobre la hija del matrimonio.
El ritmo del filme es frenético. Las escenas inmediatas ya están teñidas del horror que una maldición eficaz debe provocar. El director Courtney Solomon, responsable de “Dragones y Mazmorras” (2000), juega con el espectador acumulando datos contradictorios en pantalla: aunque nos da pistas sobre la existencia indudable de cierto fantasma, que primero se aparece en forma de lobo, nos permite elucubrar si en realidad no nos encontramos ante un episodio paranoico sufrido por el protagonista.
Esta dualidad está en la base de todo el filme, por lo que agradará a aquellos amantes del terror que requieran ciertas explicaciones cientifistas, o un transfondo madurado para disfrutar mejor de los sustos. Si los ataques que desde este momento sufrirá la niña protagonista son reales, o son un desvarío psicológico, será una de las dudas de la audiencia, que no por ello dejará de atemorizarse cada vez que caiga la noche sobre el pueblo de Red River.