Pequeña, con una falta de recursos económicos que salta a la vista pero sobrada de talento, "Los nombres de Alicia" es un emocionante y complejo estudio de personajes. La vida de una familia, personaje colectivo que a la vez está formado de individuos, comienza a desbarajustarse cuando aparece la sorprendente Mina. Con una premisa tan sencilla y común en el cine (la aparición de un extranjero en un lugar donde todos se conocen), la directora Pilar Ruiz Gutiérrez hace un debut sorprendente, con un thriller dramático intimista que inquieta durante su desarrollo y satisface en la conclusión. La falta de medios es un elemento al que la directora saca un partido enorme, si bien suponemos que en algún momento hubiese deseado más facilidades: el sonido, que obtuvo una nominación al Goya, es un ejemplo perfecto del mimo con el que se han tratado los aspectos técnicos para producir el mayor desasosiego en el espectador con métodos artesanales. "Los nombres de Alicia" rezuma realidad: la directora mantiene las distancias a la vez que abraza a sus personajes; no parece quererlos, pero ciertamente está fascinada por ellos, y transmite esta emoción al público. La actriz Ana Moreira está impecable en su siniestra recreación de la estudiante Mina, epicentro del terremoto emocional que recorre la película. Asusta pensar, tras ver la película, que la sobrina de Manuel Gutiérrez Aragón, responsable de esta proeza, se ha basado en una historia real para producir su película.