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Está a punto de llegar a nuestras pantallas una de las películas de animación en 3D más esperada desde que el año pasado se estrenara con mucho más que éxito “Rompiendo el hielo” (Happy Feet) de Warner Bros Pictures. Se rememora un tanto la ya legendaria historia de una de las películas más taquilleras de mediados de los 80, “Karate Kid”. En esta ocasión el pupilo es un pingüino Rockhopper (de penacho amarillo) y el maestro un pingüino crestado.
El motivo que les une es doble: el surf, del que Big Z o Geek fue una auténtica leyenda cuando el pequeño Cody Maverick era apenas una cría de pingüino; y una relación paterno filial pues Cody no tiene padre y la figura paterna acaba siendo la de Big Z. Él es su ídolo y el ejemplo que ha decidido seguir en su vida.
La fábrica de sueños que trae esta historia a las pantallas es Sony Pictures Imageworks, Inc con la dirección de dos realizadores más que reconocidos en el cine de animación: Ash Brannon (codirector de “Toy Story 2”) y Chris Buck (director de “Tarzan”).
Pero, ante todo, esta película tiene un objetivo: enseñar a las jóvenes generaciones que la verán en el cine y que la repetirán una y otra vez en casa gracias al DVD, que en la vida hay algo más que ser el primero o, simplemente, ganar. Para ello se sirven de esta historia de pingüinos contada en primera persona y siguiendo el estilo ‘reality’ que impera actualmente en la televisión.
El pingüino adolescente, Cody Maverick, aprendiz de surfero, sale de su hogar en Shiverpool (Antártida) seguido por un equipo de televisión que registra toda su aventura y sus progresos en el surf. Él tiene un objetivo: convertirse en leyenda y emular a su gran ídolo, Big Z.
En el camino desde Shiverpool a la isla de Pen Gu donde se desarrolla el campeonato anual en memoria del gran campeón Cody conoce al surfero de Sheboygan, Chicken Joe, al famoso promotor de surf Reggie Belafonte, al cazatalentos de surf Mikey Abromowitz y a la sexy Lani Aliikai.
Todos ellos le enseñarán algo pero será Geek, el verdadero Big Z, quien en realidad no ha muerto, quien le ayude a encontrar su verdadero camino. El primero de los pasos será fabricar su propia tabla de surf y el segundo cabalgar sobre las olas por el mero placer de hacerlo... sin pensar en que los demás te estén mirando o en ganar y que todos te reconozcan por la calle y te admiren por ello.
Esta es una fábula sobre los verdaderos valores de la vida en un mundo en el que el reconocimiento social se mide en términos de popularidad y grandes logros.