Un padre musulmán consigue que su hijo, nada religioso, lo lleve en coche en su peregrinación a la Meca. El gran viaje que ambos emprenden es la columna vertebral de esta maravillosa road-movie, con un abismo generacional y cultural como tema de fondo. La película se vuelve valiosa a medida que avanza su metraje, acompañando a un padre y a un hijo que no se entienden en un doble viaje: de Francia a Arabia Saudí y de un corazón a otro. Le grand voyage es la primera película del director marroquí Ismaël Ferroukhi, aunque la madurez y la espiritualidad que destila el filme le hizo merecedor del León de futuro en el festival de Venecia de 2004. Los caminos por los que avanza son los habituales de una road movie; encuentros con personajes secundarios extraños y situaciones en que los protagonistas, fuera de su contexto habitual, se enfrentan a sí mismos con nuevos ojos. Afortunadamente no hay en Le grand voyage ni conversaciones huecas ni momentos repetidos, y avanza hasta un final majestuoso como un cuento para niños, donde la historia es más importante que las palabras que se usan para contarla. Ésta es una película de gran pureza y sencillez narrativa, pero con un enfrentamiento dramático importante: ambos protagonistas representan, siendo padre e hijo, dos visiones opuestas de la espiritualidad. Aunque religión y política están presentes, son menos importantes que el modo en que evolucionan las personalidades de los protagonistas, sobre todo la del hijo. Lo más impresionante del guión de Ferroukhi es que evita quedarse en un lado a costa del otro, y que ni hace una petición sensiblera a la comprensión mutua, ni una oda a los valores tradicionales. Ferroukhi expone las relaciones padre-hijo con la misma humildad con que nos explica el mundo en que vivimos, evitando los clichés, y usando los dos puntos de vista de sus protagonistas, el del joven adolescente occidental y el del padre tradicional y exigente, como los ojos a través de los que contarnos la historia. La peregrinación que emprenden Reda y su padre se llama haj, que significa obstáculo. A través de problemas fronterizos, emergencias médicas y obstáculos similares, Le grand voyage traza una bella metáfora de la condición humana que llega directa al corazón del que la entiende, transformándolo.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.