A medida que avanza 2006 parece menos arriesgado calificar a algunas películas como "la peor del año", aunque seguramente en un par de meses nos encontremos con otra que bata el récord de estulticia de esta "La prueba del crimen", la peor película del año. Nos encontramos ante lo que sólo puede interpretarse como un cuento de hadas en versión criminal, porque de otro modo no hay manera de entender la rocambolesca historia de mafias que el director Wayne Kramer ("The cooler") intenta colarnos. Tampoco se entiende de otra manera la elección de Paul Walker como protagonista criminal, por mucho que se nos aparezca menos rubio que de costumbre. Walker, estrella de películas como "A todo gas 2" o "Inmersión letal" no actúa en ningún momento, o actúa pero sin interpretar a ningún personaje reconocible, a una velocidad increíble y sin pensar en lo que hace en ningún momento. Uno se alegra al saber que Chazz Palminteri está de nuevo en el cine, antes de intentar atravesar la peligrosa (pero sin embargo aburrida) jungla que es "La prueba del crimen". Tomaremos la presencia de Palminteri, su aceptación de un personaje tan plano como el resto de la película, como otro elemento de inverosimilitud total. El filme es un suma y sigue continuo en el que a cada minuto abrimos la boca sorprendidos ante la osadía de sus responsables, dudando de si llegar a tales extremos de falta de realismo no será, después de todo, una elección voluntaria. En esta película las calles sólo están habitadas por malos tan malos que el universo de "Sin city" parece Disneylandia por comparación. Si asumimos que "La prueba del crimen" es una cuento de hadas, en el que todo es posible si nos esforzamos en creer, tal vez no resulte tan tremendo el desolador panorama que de la noche hace el director, o la cantidad de soluciones de último minuto, a cada cual más absurda, que nos presenta en el guión.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.