Después de múltiples retrasos, comprensibles por lo arriesgado de la labor, "La pantera rosa" vuelve a cobrar vida. Dos palabras claves, dos nombres, son inevitables para cualquiera que conozca las versiones anteriores (cinco) protagonizadas por un británico: Sellers y Martin. Por decirlo directamente, la nueva "Pantera Rosa" no es el desastre que uno podría esperarse, aunque tampoco llega a ser una comedia totalmente solvente. Steve Martin tiene el valor de revivir un personaje que a nadie debería habérsele pedido interpretar, después de que la interpretación de Peter Sellers dejara claro que él "es" el inspector Clouseau. Y de hecho, para aquellos que no conozcan las versiones antiguas (desde 1963 hasta 1982), Steve Martin será el centro y el todo de la película: que nadie se lleve a engaño, gustará sobre todo a los incondicionales del histriónico cómico y no será más apetecible para aquellos que no lo toleren que "Esposa por sorpresa" o "El padre de la novia". Sin embargo Martin hace aquí una de sus mejores interpretaciones en años, aunque sea desigual durante el relativamente corto metraje del film, con momentos verdaderamente hilarantes y algunos de dudoso gusto o comicidad. El nuevo caso del inspector Clouseau no es del todo nuevo. Cuesta saber qué público va a sentirse atraído hacia la nueva revisión de una saga que, difícilmente será conocida por los espectadores más jóvenes, y que los espectadores más maduros no querrán ver cambiada. El experimento es loable pero fallido, aunque no puede achacarse el mero interés norteamericano por hacer remakes al fallo: una saga es lo que es y supuestamente debe continuarse. El mayor problema de esta película es una pesada indecisión entre retomar el modo de hacer comedia de hace 30 años, basado en parte en un humor casi gráfico, y el gusto contemporáneo por los ruidos y fluidos corporales.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.