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Kirk Jones dirige esta producción británica protagonizada por Emma Thompson, responsable también del guión.
Nanny McPhee es básicamente una bruja. Es cierto que Mary Poppins también lo era. Sin embargo McPhee está más cerca de la descripción que Jane y Michael Banks hacen de la niñera que no quieren, en uno de los números musicales de “Mary Poppins” (Robert Stevenson, 1964), que de la dulce Julie Andrews. De hecho, es todo lo contrario. Si en aquella película clásica era el estricto señor Banks quien tenía reservas ante los métodos de Poppins, McPhee demuestra no ser la niñera que elegiría un niño, pero sí la empleada perfecta para un padre viudo con siete infantes, tan terribles, que se congratulan de haber hecho huir a las 17 niñeras anteriores.
“Nanny McPhee” entra de lleno en la extensa tradición británica de cuentos oscuros para niños, en la que los pequeños reciben castigos (justificados o no) y las pasan mal hasta el último momento. Roal Dahl es el máximo exponente de esta tradición, con libros adaptados al cine como “Matilda”, “James y el melocotón gigante” y “Las brujas”. Igual que “Mary Poppins” o “Las crónicas de Narnia”, “Nanny McPhee es la adaptación de una serie de novelas, los libros de los años 60 de “Nurse Matilda'', de Christianna Brand.
Kirk Jones, el director de la hermosa “Despertando a Ned” (1998), dirige su segundo largometraje sobre un guión escrito por la actriz inglesa Emma Thompson. Ella es la encargada de dar vida, además, bajo una gruesa capa de maquillaje y accesorios, a uno de los protagonistas más feos que el cine haya dado jamás (junto a “El hombre elefante”, “El jorabado de Notre Dame” y “Frankenstein”).
El reparto del filme reúne a una parte importante de la crema y nata del cine y la escena británica, desde el pequeño Thomas Sangster (“Love actually”) hasta la octogenaria Angela Lansbury (“Muerte en el Nilo”), pasando por Derek Jacobi (“Hamlet” de Kenneth Brannagh), Kelly Macdonald (“Gosford Park”), Celia Imrie (“Las chicas del calendario”), Imelda Staunton (“Vera Drake”) y llegando hasta la madre de Emma Thompson, la actriz Phyllida Law (“El invitado de invierno”). Dirigiendo la tropa familiar como puede, y enfrentándose a una crisis económica, se encuentra Collin Firth (“El diario de Bridgett Jones”), que empieza a oír misteriosas voces en su cabeza; le dicen que lo que necesita es a Nanny McPhee, justo antes de que ésta se presente ante su puerta.
La película tiene una imagen barroca e inusualmente colorida que contrasta con el tono oscuro del relato pero que va bien con uno de los mensajes del film: la excentricidad es valiosa. Otras ideas que transmite la película son que la belleza se encuentra en el interior, aunque los modos que se usan para trasladar este cliché son bastante peculiares, y que los niños deben aprender a comportarse.
Hay una dosis importante de moralina en el filme, pero no se pide en ningún momento a los pequeños que aprendan las reglas sociales sin pensar antes o abdicando de su propia personalidad. ¿Les gustará a los más pequeños el film? Disfrutarán, de un modo algo morboso, de las infelicidades de los pequeños Brown y del duro aprendizaje por el que deben pasar. Cuando Nanny McPhee consigue que se comporten debidamente, usando en gran medida técnicas disuasorias e intimidantes, la tía-abuela de los niños (una también maquilladísima Angela Lansbury) comunica a Cedric Brown (Collin Firth) que debe casarse en 30 días si quiere heredar en algún momento su riqueza. Ahora que los niños han aprendido a comportarse se encuentran, amargamente, pagando las consecuencias de sus acciones anteriores: serán casi secuestrados por su tía-abuela, alejados de su padre, y presenciarán como éste está a punto de elegir a una mujer que no ama (Celia Imrie) porque con sus maldades alejaron a la mujer de la que estaba enamorado (Kelly McDonald). Ahora sólo Nanny McPhee puede ayudarles, con el fuego de su mirada, sus verrugas y el poder de su curvado bastón.