La identidad no es una, las personas se dividen en múltiples personajes, y el tiempo es sólo una ilusión que nos abraza: la filosofía poética de este estilo es la base estética de "La niebla en las palmeras". Este ambicioso y extravagante documental gira en torno a un protagonista inclasificable: un físico que fue a la vez escritor, fotógrafo, colaboracionista de los nazis y colaborador de Orson Welles, pornógrafo aficionado y aventurero. La figura de Santiago Bergson sirve de guía a la debutante Lola Salvador (reputada guionista hasta el momento, firmante de los libretos de "El crimen de Cuenca" y "Las bicicletas son para el verano") y al director Carlos Molinero ("Salvajes"), a la hora de emprender un ambicioso collage, cuya premisa inicial es mucho más interesante que su desarrollo posterior, aunque difícilmente puede el espectador salir de vacío de una experiencia tan abrumadora. Teñida de cierto surrealismo, con un lenguaje visual y una narrativa que se pretenden eco del expansivo protagonista de la película, "La niebla en las palmeras" tiende finalmente demasiado a la confusión, como si sus responsables no hubiesen podido (o querido) escapar a los excesos de Bergson en la misión de narrar su vida. Los aspectos que componen el filme resultarán chocantes a los espectadores que esperen un documental clásico, pues muchas de sus fórmulas provienen del legado anárquico de Buñuel; al menos, no deja indiferente, y arroja una luz (algo difusa, y en cierto modo, sumida en la niebla) sobre uno de los personajes más curiosos del pasado siglo español e injustificadamente desconocido.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.