H.G.Wells nos legó un mundo arrasado por entes del espacio. Orson Welles fue capaz de trasmitir por ondas radiofónicas el pánico que representaría dicha invasión en la sociedad perfecta norteamericana de 1938. En el siglo XXI, es Steven Spielberg, el director de mayor éxito de Hollywood, quien se encarga de trasladar en imágenes la destrucción absoluta. Con la más avanzada tecnología en efectos, nos encontramos en medio del caos que representaría el enfrentarnos al final de nuestra civilización. La amenaza constante que representa la presencia casi invisible de esas fuerzas externas, que amenazan la existencia de los protagonistas, nos recuerdan al mejor Spielberg de Tiburón. Ese suspense queda enmarcado en el argumento básico de la historia, que resulta en la lucha de un padre, Tom Cruise, dispuesto a cualquier cosa por salvar la vida de sus hijos. Una lucha desesperada por la supervivencia que le llevará a enfrentarse a todos los peligros, y a encontrarse con personajes como Tim Robbins, que representan la parte más psicótica del filme. Hay que destacar el excelente trabajo de Dakota Fanning, capaz de eclipsar con su talento a cualquier estrella de Hollywood que se cruce en su camino, realizando la mejor interpretación del filme. Sin duda se trata del estreno del verano, y uno de los fenómenos cinematográficos de la década, que superará la grave crisis taquillera que vive la actualidad cinematográfica norteamericana. Los aficionados a la ciencia ficción y a las catástrofes monumentales, se encontrarán en su salsa viendo cómo el mundo se destruye ante sus ojos.
Jerry Bruckheimer nos trae su primera película en 3-D, una cinta para toda la familia en la que descubriremos que existe un programa encubierto del Gobierno...