"La fiebre" ataca posiciones sociales y políticas consolidadas hablándonos de una utopía y haciendo uso, para ello, de una historia de amor y unos interesantes efectos especiales que constituyen un interesante fresco de una parte de la población italiana del norte. Alessandro D"Alatri se presenta como un cineasta interesante y arriesgado aunque su película ceda, en los últimos minutos, hacia un acomodo en el mensaje que no deja de resultar chocante y algo molesto, y a pesar también de que su viaje a través de algo parecido al surrealismo Felliniano o al kitsch Almodovariano le lleve en ocasiones a la confusión narrativa y a un acumulo de opciones diferentes algo extremo. Uno de los puntos fuerte de la película es el protagonismo del romántico Fabio Volo, un actor que de alguna manera nos hace rememorar a los grandes cómicos melancólicos del cine italiano de posguerra, un tipo humilde y muy natural del que es imposible no enamorarse o sentirse cerca. "La fiebre" se deja ver a pesar de sus excesos y apunta bastantes cosas interesantes, aunque sea imperfecta y algo errante en la dirección. Su declaración de amor y rabia a la Italia, a la tranquilidad con que los jóvenes por ejemplo aguantan un trato vejatorio de la sociedad del empleo precario, puede fácilmente ser exportada a nuestro país.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.