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El director Brian De Palma, el escritor James Ellroy y los actores Josh Hartnett y Scarlett Johansson ponen en pie un brutal retrato de la ciudad en que viven y trabajan, Los Ángeles, en “La Dalia Negra”. Pero estamos en los años 40, cuando el color aún era una rareza en las películas y el cine negro estaba inspirado en la vida real con apabullante frecuencia.
El de “La Dalia Negra” es uno de los casos más emocionantes de la criminología californiana, una de esas historias que conmocionaron a la opinión pública y que tuvo a la policía en jaque hasta el final. La película narra la historia de la bella Elizabeth Short (Mia Kirshner), que llegó a Hollywood con 22 años y una maleta llena de sueños para encontrar sólo una muerte violenta. Así pues no sería su carrera como artista, sino el brutal asesinato del que fue víctima, el que la lanzase a la fama convertida en “La Dalia Negra”, que inspiró la novela de James Ellroy sobre la que el guionista Josh Friedman (“La guerra de los mundos”) ha creado esta película.
Ellroy, californiano de nacimiento, conoce bien la ciudad en la que vive, escenario también de la novela y el guión que le dieron fama más allá de la palabra escrita: “L.A. Confidential”, dirigida en 1997 por Curtis Hanson y con el protagonismo de Kevin Spacey y Russell Crowe como el sargento Jack Vincennes y el oficial Wendell Bud White.
“La Dalia Negra” nos lleva por enésima vez al corazón del crimen en Los Ángeles y, por tanto, al mundo de los policías que le hacen frente, un universo rudo y eminentemente masculino. Los actores Josh Hartnett y Aaron Eckhart interpretan a los policías Dwight ‘Bucky’ Bleichert y Leland ‘Lee’ Blanchard; las damiselas de la película siempre parecen ocultar algo, así que una gran parte del peso del filme se basa en la capacidad de las actrices Scarlett Johansson y Hilary Swank para dar vida a unas poco diáfanas Kay Lake y Madeleine Linscott. Pero ninguno de los responsables de “La Dalia Negra” pueden ser tachados de misóginos: la película no sólo revive clichés de la época en busca de realismo y de cierto sabor de cine clásico, sino que además ni las féminas protagonistas son tan fatales ni todos los policías son tan buenos.
El asesinato de Elisabeth Short se ejecutó a principios de 1947. Para muchos policías angelinos el caso se convirtió en un asunto personal y encontrar al asesino era una cuestión cercana a la venganza: la fealdad moral de su asesino parece aumentar comparada con la belleza de Elisabeth, y al contrario, la belleza de la joven queda mitificada para los policías en contraste con el destrozo que se hizo de su cuerpo. En la película Josh Hartnett encarna esta obsesión por encontrar al culpable, estando casi enamorado de la víctima.
Pero no se puede culpar al personaje de Hartnett, ni es un neurótico. La sociedad americana de posguerra quedó atrapada al completo por el caso de “La Dalia Negra”, y cambiada para siempre: en esta época nacía el cine negro y las investigaciones del caso llegaron a apuntar incluso a gente del espectáculo de la talla de Orson Welles. Hubo otros que confesaron el crimen sin ser culpables en realidad. Para el detective ‘Bucky’ no será en absoluto fácil desenmarañar la tela de araña que se ha tejido alrededor de este asesinato. El director Brian De Palma (“Los “Los intocables de Elliot Ness”, “Carrie”) teje un laberinto no demasiado diferente al “Mullholand Drive” de David Lynch, incluyendo triángulos amorosos no siempre ortodoxos e identidades que se confunden. Lo sorprendente es que todo esté basado en una historia real.
“La Dalia Negra” nos lleva por los territorios obligados de la novela y el cine de su género: como en “L.A.Confidential”, “Chinatown” (Roman Polanski, 1974) o “El sueño eterno” (Howard Hawks, 1946) acompañamos a un detective que al final de su viaje se habrá enfrentado a asesinatos, chantajes, seducciones varias y una trama de corrupción mucho más extensa de lo que en principio pensaba.