Después de tantas películas sobre bodas, príncipes azules e historias felices, "La boda de mi novia" resulta repetitiva en la comedia romántica y que, lamentablemente, no aporta nada nuevo al género. Patrick Dempsey continúa alimentando su carrera de personajes `ideales´ para el público femenino, comenzando por su Dr. Sheperd de "Anatomía de Grey" y su padre soltero de "Encantada". Si recientemente su compañera de reparto, Katherine Heighl nos dio a conocer sus "27 vestidos" de dama de honor cosechando un gran éxito, ahora Dempsey cambia los roles y se convierte en el dama de honor de su mejor amiga en esta película. Dempsey interpreta a Tom, un gigoló que descubre que está enamorado de su amiga cuando ésta se compromete y decide mudarse a Escocia. Dolorido y decidido, Tom viaja al país europeo con el propósito de demostrarle su amor e impedir la boda. A diferencia de otras comedias, el filme capta la atención del espectador en la segunda mitad que transcurre en Escocia cuando se suceden las escenas más divertidas, todas protagonizadas por Dempsey. "La boda de mi novia" es previsible, genérica y ocasionalmente graciosa. Básicamente podría tratarse de un remake de "La boda de mi mejor amigo", pero a la inversa.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.