No es demasiado arriesgado decir que King Kong, de 2005, se va a convertir en un clásico tal y como lo es el filme de 1933. Por lo pronto, y antes de que pasen otros 73 años para poder juzgarla como tal, la nueva película de Peter Jackson es una magnífica pieza de buen cine, una mezcla perfecta de géneros a la altura de la versión original. Aventura, misterio, terror y una sensibilidad emotiva deliciosa se conjugan en la revisitación que el señor de "El señor de los anillos" ha hecho del mito de la bella y la bestia. Sería injusto catalogar King Kong de un remake, aunque la definición de la palabra se le ajuste, porque son demasiadas las nuevas versiones de películas clásicas que se convierten en un insulto a la obra en la que están basadas. El King Kong de Peter Jackson complementa al primero, de muchas maneras. Para empezar, el director ha filmado la mítica escena de la araña gigante que los autores del primer Kong eliminaron. Uno de los rumores míticos de Hollywood dice que la escena fue eliminada porque produjo demasiado pavor en la audiencia. Jackson se especializó, antes de la trilogía del anillo, en este tipo de productos terroríficos y a la vez desagradables, como en su "Mal gusto", y el resultado de la escena en cuestión es, finalmente, terrorífica. Los personajes, con los mismos nombres y tipos que en la primera película, son mucho más complejos, su psique es más asequible y sus sentimientos se contraponen. Finalmente la relación que el público establece con el gorila es mucho más empática, y la tragedia del animal enamorado de la humana, encarcelado y llevado fuera de su hábitat resulta verdaderamente conmovedora y puede hacer llorar. Jackson juega con la evolución que los efectos especiales han sufrido desde 1933: la expresividad del gorila lo hace humano pese a su gigantismo, y los escenarios que el film recrea son sencillamente asombrosos. A Jackson no se le ha ocurrido, como se ha hecho antes con King Kong, adaptar el monstruo a los tiempos remotos: mantenerse fiel a los años 30 en que ocurre la primera película hace sentir al espectador el mismo tipo de ingenuidad que a aquellos primeros espectadores, como si todo fuera nuevo, y sin necesidad de explicar por qué en esta isla remota sobreviven los dinosaurios junto a otros animales imposibles. Perfecta.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.