La bondad que lucha por aflorar en todo ser humano está presente en los habitantes de "Junebug": el planteamiento de la vida en un pueblo pequeño, que hacen el director Phil Morrison y el guionista Angus MacLachlan, se alejan de los tópicos extremos que abundan en este tipo de comedias ("Pecker"), para hacer una pequeña reflexión profunda, sentimental y llena de pequeños detalles maravillosos. El quid de la cuestión no es qué se nos cuenta, ni qué dicen los personajes, sino cómo se mueven y el tono delicioso que el director imprime a esta película escrita con mimo. Mucho de lo que ocurre es aparentemente banal, y en otras manas resultaría hueco, pero "Junebug" palpita afecto y verismo en el choque menor de civilizaciones que propone. En algunos aspectos, "Junebug" recuerda a aquella maravilla reciente de sentimentalismo que era "La joya de la familia", con Diane Keaton y Sarah Jessica Parker cargando con gran parte de la importancia del filme. En esta película descubrimos a una maravillosa Amy Adams, que ha recogido una gran cantidad de premios por su interpretación de Ashley y que incluso estuvo nominada al Oscar. "Junebug" supera sin embargo a "La joya de la familia" en verismo: es una película realista que entiende que los problemas de una familia no se arreglan en una corta visita, que son más complicados que todo eso y que generalmente quedan irresueltos, aunque debe encontrárseles un lugar apropiado en la arquitectura familiar.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.