Desde que su padre fuera asesinado, Luna ha crecido protegida por sus particulares ángeles de la guarda: Leo, el tabernero, Charly, el croupier, y Nano, su fiel compañero de pillerías. Vital, intensa y luchadora, Luna se gana la vida de la única manera que sabe: jugando al póker. Su talento natural la guía hasta lo más alto de una profesión dominada por los hombres en la que se siente, sin embargo, elegida por las cartas.
