Many, Sid y Diego vuelven a cruzar la tierra prehistórica, con la variación de que esta vez se está descongelando. "Ice Age 2: El deshielo", se suma a otras dos secuelas de animación en 3D ("Toy Story" y "Shrek"), para demostrar que no siempre segundas partes son peores que las originales. Hollywood está apostando fuerte por este tipo de productos: películas ingeniosas lideradas por personajes cautivadores. En cierto modo es comprensible que las segundas partes, habiendo quedado más o menos abierta su antecesora, tengan más calidad: de un año a otro las tecnologías digitales avanzan, haciendo posible lo que sólo podía insinuarse anteriormente; teniendo desarrollados los caracteres de los personajes, los guionistas se centran en desarrollar más y mejores gags. "Ice Age 2: el deshielo" tiene un ritmo frenético, basado en un guión de uno de los guionistas de "Los Simpson". La sucesión de humoradas es apabullante. No hace falta advertir, sin embargo, que aquellos que no disfrutaran con la primera película, al no sentir empatía con los protagonistas, no encontrarán tampoco aquí nada de su interés. Y viceversa. En realidad el incremento de la calidad es sustancial: la nueva película no adolece del exceso de sentimentalismo de su antecesora y es además algo más adulta. Los más pequeños volverán a ser, de todos modos, los que más partido saquen al filme.
Flink es un genio que ha inventado una máquina que transforma el agua en comida. Nadie en su ciudad imaginó que un día empezarían a llover hamburguesas.